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El Corazón de Jesús – Encontrar Mi Vocación
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El Corazón de Jesús

E

l amor al Corazón de Jesús y la configuración con Él, son el horizonte y sentido de nuestra vida. Al hablar del Corazón de Jesús, hablamos del centro de su persona, allí donde se albergan los más hondos sentimientos e ideales. De ahí, de su Corazón, brotaban de Jesús tantos sentimientos de amor apasionado a Dios, su Padre, de infinita misericordia con los más débiles y pecadores, de cariño y ternura con las mujeres… que le movían a actuar y llevar la buena noticia de su persona y de su vida a todos cuantos se acercaban a Él.

Cuando hablamos del corazón vamos más allá de sus contornos físicos. Sí, el corazón es el órgano musculoso que sostiene la vida, cuyos latidos marcan la intensidad de los sentimientos que agobian o exaltan a la persona. Pero también tiene asignada la función de evocar la profundidad del ser humano. Constituye el centro simbólico de la persona de donde surgen los más hondos sentimientos e ideales, donde se enraízan las opciones vitales y se nutren las más comprometidas decisiones. Por eso, queremos configurarnos con el Corazón de Jesús, porque si nos configuramos con Su Corazón, nos estamos haciendo mujeres según su modo, su manera, su estilo.

Constantemente pedimos a Jesús que nos enseñe su modo de ser, su manera de acercarse a los demás, su capacidad para hacer sentir a los demás que son valiosos y dignos. Muy dentro de nuestro ser, mientras avanza la vida y se presentan aciertos y fracasos, repetimos en nuestro interior una y otra vez: Corazón de Jesús, en ti confío. Y también, en medio de situaciones que nos hacen descubrir nuestra fragilidad, le decimos: Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Frente a tanta violencia e injusticias, frente a tantas situaciones de dolor y desamparo, frente a nuestra propia realidad de pecado, surgen hondas preguntas en nuestro interior que nos mueven a actuar: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué puedo hacer por Cristo?.

Ponderar tanto bien recibido de Dios y tanto amor con el que nos ha amado Jesús, nos hace mujeres profundamente agradecidas, movidas a desear y elegir servirle a Él en la entrega de nuestra vida para que cada vez más personas puedan conocer el gran amor con que Dios les ama, manifestado en el amor humilde y misericordioso del Corazón de su Hijo Jesús.