Nuestro Fundador

V

alentín Tomás Salinero García, nació en Alba de Tormes, provincia de Salamanca (España) el 10 de noviembre de 1840. Más de una vez se le oyó decir al P. Salinero con su acostumbrado tono festivo: “yo nací a un paso del cuerpo de Santa Teresa y por eso le pido me conceda algo de la gran santidad que ella tuvo”.

Vocacionado

Valentín creció en una población de gran religiosidad con muchas iglesias y conventos, en el seno de una familia sencilla. Aquí en este ambiente de intensa espiritualidad brota en el corazón del joven Salinero la vocación a la vida consagrada. Era inquieto y de corazón generoso, a sus 14 años se trasladó a Salamanca para trabajar en el comercio y ayudar a su familia. Con esa misma generosidad que lo caracterizaba responde al llamado de Dios, e ingresa a la Compañía de Jesús el 23 de Julio de 1859, a sus 18 años de edad.

Sus compañeros lo recordaban como un joven agradable jovial, bromista, apacible, placido siempre igual, caritativo con todos; un jesuita en quien la obediencia y la caridad iban juntas.

Misionero

Ya desde su formación religiosa Salinero es destinado al Colegio Sancti Espíritu, en Cuba. Al finalizar su formación recibe su segundo destino a Cuba, esta vez al Colegio de Belén. Le seducía el Jesús pobre y humilde del Evangelio. A sus 35 años estaba lleno de ideales, movido por el amor de Jesús que latía en su corazón misionero traspasa las fronteras del colegio y empieza a trabajar por los pobres en las escuelas Dominicales y en el barrio de Cayo Hueso.

El obispo de la Habana, conocedor del espíritu misionero del P. Salinero, solicitó a los superiores de la Compañía que le permitieran lo acompañara en sus recorridos misionales. Salinero en este recorrido sufría la dura realidad de la gente especialmente las personas negras, sumidas en la amargura y explotación de su condición de esclavos.

Fundador

Las necesidades que observaba el P. Salinero eran cada vez más apremiantes. Empezó a buscar religiosas para colegios y catequesis. La respuesta que recibía era que no tenían personal. Salinero inspirado por su espiritualidad Ignaciana, ante estas respuestas negativas siguió orando con mayor intensidad en busca de una solución que fuese según el querer de Dios.

Después de un proceso de oración y discernimiento, Salinero, movido sin duda por la inspiración muy directa del mismo corazón de Cristo, manifestó su deseo de fundar una Congregación a un grupo de celadoras del Apostolado de la Oración. No cayó en tierra estéril la “Palabra” en aquella reunión, y fueron cinco las Celadoras que correspondieron a la invitación del P. Salinero, procedente sin duda ninguna del mismo Corazón de Cristo.

Feliz ocaso

Recibió el regalo de estar sus últimos años de vida dedicado a la Congregación, la obra más grata de su corazón como él mismo lo expresó. Insistió mucho en la aprobación pontificia de la Congregación cuya noticia recibió con la más grande de las alegrías.

El 28 de septiembre de 1913 a las 4 de la tarde, falleció en el colegio de Belén. Unos momentos antes había dicho “cuando muera vayan a las Apostolinas a darles mi última bendición”.